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mar 02

La felicidad, ¿la aguja en el pajar?

Hi!! Soy Eduard De la Guerra, un personajillo que camina por la vida con un rumbo muy definido y con una dirección muy clara…

El camino que emprendí se llama “Felicidad” y el destino al que me dirijo lo nombran “Tener una vida plena y sensacional“. (Sensacional, no por genial o sobrada, sino por tener una vida llena de sensaciones.)

Desde niño ya venía siendo un cafre, una especie de bala perdida que lo único que conseguía era que sus padres le dieran charlas y mas charlas sobre lo q tenía que hacer y sobre lo q tenia q dejar de hacer…. Yo hacía caso omiso de todo lo que me decían y aparcaba en un cajón todos los consejos q me daban…

Para mí, todo lo que viniera de la boca de alguien mayor o maduro me parecía una chorrada sin sentido, algo que nunca necesitaría. Solo atendía a mis necesidades como niño de parque que era.

El tiempo iba pasando y yo crecía con él, aquellos fantasmas q me contaban mis padres en forma de consejo fueron llegando uno a uno… Recordé cuando me dijeron aquello de “Estudia, por favor…” justo cuando me di cuenta que como alumno escolar había fracasado… Pero todavía era demasiado inmaduro como para creerlo a pesar de que la verdad me había dado en las narices. (Aquello fue el primer aviso) No necesitaba un título… O eso pensé yo.

Gracias a no sé qué… Encontré un trabajo, mi único trabajo, un oficio vocacional que a mis ojos de aquel entonces me proporcionaba todo lo que yo quería y necesitaba… Dinero, distancia con mis padres y la libertad de ya no depender de nadie. Me permitía el hacer todo lo que yo quería y deseaba.

Un trabajo en el que hacer toda clase de deportes y bestialidades está bien visto. Un trabajo que a parte de hacerme acostar tranquilo y relajado, me ofrecía la oportunidad de estar fuerte y en forma. Aprendí valores como el orden y la disciplina, y los aprendí a patadas ya que al no escuchar a mis padres y tutores siempre fui un caos y un “cantamañanas”.

También aprendí otros valores como la lealtad y el compañerismo… Y estos fueron y han sido los más importantes.

El tiempo continúo pasando y normalice la situación… Senté un poco la cabeza y deje algunos malos hábitos que no me hacían ningún bien. Conseguí tener lo que se puede llamar una vida tranquila… Tan tranquila que me conformé con lo que tenía y con la clase de persona que era. Mi casa, mis cosas, mi vida normal.

No me planteaba el hecho de ser feliz ni de nada que pudiera mejorar mi estado de ánimo… Me sentía una persona más del mundo y punto.

Siempre llorando por las esquinas diciendo… Qué rollo de vida… Que todo me pasa a mí… Que me aburro… Que nadie me quiere… Que no tengo amor… Que no tengo a quien dárselo… Y chorradas así. Pero yo seguía sin cambiar mi vida ni un ápice, mis amigos y sobretodo amigas ya se encargaban de de darme abracitos falsos para levantarme el ánimo cuando me hacía falta y “chin pun”.


Pero un día…

En Cinco horas cambió totalmente mi vida…

Las cinco peores horas de mi vida. En esas horas lo pase tan y tan mal que decidí que mi vida no podía seguir así.

Abrí los ojos y me dije a mi mismo que tenía que sentir la vida, que no podía conformarme simplemente con vivirla. Tomé cartas en el asunto y me puse manos a la obra… Conocer, sentir, aprender, recapacitar, pensar y meditar, valorar, servir, querer, respetar, ofrecer, agradecer, disfrutar…. Y mil cosas más.

También vi que no merecía la pena sufrir por nada, siempre nos han dicho en algún momento de nuestras vidas aquello de “Nada es tan importante como para que estés así de triste, tú eres mejor…” Me lo habían dicho mil veces… Pero nunca hice más de dos o tres días de caso a esa frase, hasta aquel día en que me la dije yo. Se acabó… Si algo me hace sentir mal, lo elimino y lo aparto de mi camino.

Esta vida es mía, de nadie más… Todo lo que veo y siento es para mí, es lo que hace que yo me sienta bien conmigo.

Si dejo entrar algo malo en mi vida, tendré un motivo para sentirme mal. Si no dejo entrar nada malo en mi vida… No habrá nada que me haga sentir mal. Si no me siento mal y hago cosas que me hacen sentir bien, soy sincero con los demás y conmigo mismo la única opción que me queda es la del bienestar emocional. Y si encima disfruto que mi vida me aporta todo lo que necesito para mantener ese bienestar…. Pues quiere decir que voy derecho a mi felicidad.

No os imagináis como ha cambiado mi vida desde que todos mis esfuerzos van en una sola dirección, desde que me dedico todo el tiempo que tengo.

Siempre que vemos un niño en un parque o en un bosque jugando, explorando, riendo y saltando, pensamos en… …Que feliz que es. ¿¿A que si??

Yo he aprendido que si ese niño puede, yo también, y que la manera de serlo no es otra que la que él nos muestra…

Salta, corre, juega, diviértete, haz lo que te de la gana (siempre con respeto a los demás), no te limites, siéntete fuerte, sueña despierto e intenta que tu realidad se parezca a ese sueño.
Si necesitas…. Coge. Que nadie te pida…. Ofrece.

No te comportes como te sientes… Compórtate como te gustaría sentirte. Y acabarás siendo lo que quieres ser y viviendo lo que quieres vivir.

Suerte.

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