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oct 04

Primer método para frenar el envejecimiento

¿Cuál es tu objetivo cuando piensas en cuidar tu piel?

Mejorar su aspecto, calidad y su salud. Pero no te quedes en la superficie, vayamos al fondo de la cuestión…

¿Cuál es el reto?

¿Que tu piel esté bonita y con aspecto joven? Eso no es lo mismo que… tu piel esté… ¿sana?

Porque… salud y belleza van unidas, ¿verdad?

¿Y si te cuidas con cosméticos muy buenos y/o muy caros, tu piel estará más sana? Pues no. ¡Y te voy a explicar el por qué!

La semana pasada te expliqué brevemente que para cuidarte podías utilizar cosmética, comprimidos (o nutricosmética) o usar una nueva técnica que he descubierto hace poco.

 

Hoy te voy a explicar el por qué todas tu piel y en general todas tus células no estarán más sanas por usar cosméticos.

 

¡Hoy toca el primer método para cuidarse! ¡Ataca al envejecimiento actuando desde fuera! ¿Con qué? Con lo que tanto nos gusta: las cremitas.

 

Los cosméticos están compuestos de una serie de sustancias que favorecen la absorción de sus principios activos a través de la piel. A partir de aquí ya empieza a crearse el lío morrocotudo, porque unos dicen que los principios se absorben hasta llegar a los vasos sanguíneos y otros que no. Bueno, pues recurramos a la ley y veamos: (Real Decreto 1599/1997; Producto cosmético: toda sustancia […] destinado a ser puesto en contacto con las diversas partes superficiales del cuerpo humano (epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las mucosas bucales, con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto, y/o corregir los olores corporales, y/o protegerlos o mantenerlos en buen estado. ) Por tanto, un cosmético, solo llega a la epidermis. En ese caso… ¿Qué células son las que absorben los nutrientes? Solo las más superficiales. Tomando nota.

 

Entonces: ¿Por qué nos encantan los cosméticos?

 

Porque nos dejan una agradable sensación en la piel, fragancia dulce y suave textura. La piel queda brillante y fresca pero… ¿Sabes que llevan realmente los cosméticos? Como tienen que cumplir la ley, por definición son seguros, sin embargo, a mí personalmente hay algunos componentes que no me convencen. Algunos cosméticos (sobre todo los más baratos) llevan parafina líquida, aceite mineral o vaselina. Los tres son derivados del petróleo ¿Te imaginas ir al golfo de Méjico y hacerte una mascarilla con chapapote? Yo casi que no lo probaría. Esos componentes son los que  dejan esa sensación de suavidad, pero no hacen nada más.

 

Seguro que también has oído alguna vez a alguien que te ha dicho “¡pues yo compro una crema hidratante que me cuesta tres euros que es maravillosa!”y vas y  piensas….- “Si, claro, las grandes marcas te hacen pagar cincuenta veces más por sus productos pero en el fondo hacen lo mismo?” pues va a ser que no o… no siempre.

 

Mientras leía un informe sobre estos componentes he revisado mis cremas. Dos de tres tarritos que tengo en casa contienen parafina líquida, los otros dos no ponen ni los ingredientes. Yo ya he tomado una decisión.

 

 

 

 

 

 

A partir de ahora miraré que contienen las cremas que me pongo. Si gasto dinero en cosméticos para cuidar mi piel, que de verdad me la cuiden y no me camuflen resultado en sensaciones ni me perjudiquen a largo plazo. No hace falta que analices ingrediente por ingrediente porque ni tú ni yo somos cosmetólogos y no tenemos ni idea pero al menos leerlo, para asegurarnos que compramos un cosmético eficaz y no cincuenta gramos de crudo a precio de caviar…iraní.

 

 

Por tanto, para cuidarte desde fuera tienes que optar por cremas, leches, geles o lociones que sean lo más naturales y efectivas posibles. No solo que pongan que son naturales sino que lo sean. Rechaza las parafinas, tapan los poros y pueden producir alergias. Cuida tu belleza con cosméticos de calidad probada. ¡Yo ya lo estoy haciendo!

 

Y que sean naturales no quiere decir que no lleven conservantes. Porque sin conservantes no nos durarían nada y se estropearían. Esto lo explica muy bien Lourdes Varadé en su artículo “la maldición de los parabenes y el fin del mundo”. ¡Verás que interesante!

 

 

 

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